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16/10/04

Informática y diccionarios

El otro día conversaba con una buena amiga sobre la conveniencia de las ediciones electrónicas de diccionarios. Mientras que ella opinaba que no tenían futuro, yo discrepaba y me gustaría plasmar mis reflexiones en las siguientes líneas.

Desde un punto de vista práctico, el uso habitual de un diccionario en papel es mucho más sencillo que el de un diccionario en otro tipo de soporte y tengo clarísimo que, hasta que estas obras no emulen dicha facilidad, nos seguiremos levantando del sillón para ir a la estantería y resolver nuestra duda entre sus hojas. Tal vez dispositivos como el Tablet PC sean un pasito en esa dirección …

Pero no podemos dejar de lado el uso cada vez mayor de la informática en nuestra vida cotidiana. En mi caso particular, acceder a Clave a través de Internet se ha convertido en una rutina mientras estoy en el ordenador, extendiéndose entre mis compañeros con la rapidez de un cotilleo. No hablemos de gente que trabaja con la lengua a diario (en el buen sentido de la expresión) y que necesitan algo más que una búsqueda rápida y eficiente: periodistas, traductores, secretarias o redactores de todo tipo. Estos profesionales están ávidos de disponer de verdaderas herramientas de ayuda a la redacción y seguramente un diccionario en CD les sepa incluso a poco.

Es en este punto donde se puede pensar en distintos modelos de negocio asociados a diccionarios. ¿Quién se ha comprado más de un buen diccionario de español? ¿No seguiríamos tirando con la Enciclopedia Espasa Ilustrada que compraron nuestros padres a plazos hace 25 o 30 años (mueble incluido)? Orientar el modelo hacia la suscripción basándose en las nuevas tecnologías parece una buena opción: tendríamos nuestros diccionarios siempre actualizados, con las últimas voces aceptadas (o no), con los cuadros verbales en tiempo real, convertirlo en bilingüe cuando nos hiciera falta o ampliar la suscripción al latín cuando les tocase a los niños en el cole. Incluso podríamos consultar dudas a especialistas o mandar nuestras sugerencias.

No olvidemos que vamos a todo tren hacia el siempre conectado y que dentro de muy poco nos llegará a casa un único cable con todos los servicios: telefonía, televisión e Internet. En estas condiciones puede que sea más fácil consultar el diccionario a través de la tele que irse a la estantería a por él.

Diccionarios como churros

No calmadas las aguas tras el lanzamiento por parte de Ediciones SM del fantástico REDES de Ignacio Bosque, va Santillana y lanza su “Diccionario Fraseológico Documentado del Español Actual”, del también académico Manuel Seco.

Esta obra es una reutilización bastante buena del trabajadísimo corpus que recopiló durante años Manuel Seco y con el que también se editó en 1999 el “Diccionario del Español Actual”. No obstante, el uso de un corpus para este diccionario está muy lejos del realizado con REDES, en el que hablamos de estudios de frecuencias, agrupamientos por significados y, por fin, utilización para ejemplificar las entradas.

Este nuevo diccionario de Seco es un conjunto muy amplio de locuciones (unas 16.000 según reza su publicidad) con ejemplos reales extraídos del corpus mencionado. He tenido ocasión de (h)ojearlo y comprobar dos cosas:
- Que las referencias no son solo de prensa escrita, como en el caso de REDES, sino también de obras literarias, lo que le da –a mi parecer- una mayor calidad aunque se distancie algo del español de la calle.
- Que las locuciones y modismos parecen ser solo de España, ya que busqué varias expresiones comunes de México y Argentina sin resultado.

A estas obras hemos de añadir el anuncio de la Real Academia de la Lengua de su “Diccionario Panhispánico de Dudas”, en que participan las 22 academias de la lengua española que hay diseminadas por el mundo (incluyendo Filipinas, donde la presencia del español da risa, pero bueno). Su salida al mercado está prevista para noviembre, pero ya genera polémica en los foros de Internet, sobre todo por las declaraciones de Humberto López sobre la aceptación de neologismos. Pero eso, será otra historia …